La historia de Baal Shem

Baal Shem era un rabino muy respetado en su pueblo. Todos los que tenían un deseo insatisfecho o necesitaban algo que no habían podido conseguir, iban a ver a éste rabino. Baal Shem se reunía con ellos una vez al año: un día especial que él elegía. Y los llevaba a todos juntos a un lugar único que él conocía, en medio del bosque, entre sombras de árboles. Y, una vez allí, cuenta la leyenda, Baal Shem encendía con ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y muy hermosa, y entonaba después una oración en voz muy baja, como si fuera para sí mismo.

Y dicen…
Que a Dios le gustaban tanto aquellas palabras que Baal Shem decía, se fascinaba tanto con el fuego encendido de aquella manera, amaba tanto aquella reunión de gente en aquel lugar en medio de las sombras de los árboles del bosque… que no podía resistirse a la petición de Baal Shem y concedía todos los deseos de todas las personas que allí estaban. Cuando el rabino murió, la gente se dio cuenta de que nadie conocía las palabras que Baal Shem decía cuando iban todos juntos a pedir algo. Pero conocían el lugar del bosque y sabían cómo encender el fuego. Una vez al año, siguiendo la tradición, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunían en aquel mismo lugar, en medio de las sombras de los árboles del bosque, prendían fuego de la manera que habían aprendido del viejo rabino y, como no conocían sus palabras, cantaban cualquier canción o recitaban algún salmo, o sólo se miraban y hablaban de cualquier cosa en aquel mismo lugar alrededor del fuego.

La historia de Baal Shem

Y dicen…
Que a Dios le gustaba tanto el fuego encendido, le gustaba tanto aquel lugar en medio de las sombras de los árboles del bosque y aquella gente reunida… que aunque nadie decía las palabras adecuadas, igualmente concedía los deseos a todos los que allí estaban. El tiempo ha pasado y, de generación en generación, la sabiduría se ha ido perdiendo… Y aquí estamos nosotros. Nosotros no sabemos cuál es el lugar en medio de las sombras de los árboles del bosque. No sabemos cuáles son las palabras. Ni siquiera sabemos cómo encender el fuego como lo hacía el viejo rabino. Sin embargo, hay algo que sí sabemos: Sabemos este cuento.

Y dicen…
Que Dios adora tanto este cuento, que le gusta tanto esta historia, que basta que alguien la cuente y que alguien la escuche para que Él, complacido, satisfaga cualquier necesidad y conceda cualquier deseo a todos los que están compartiendo este momento.

Traído de Hautatzen

El cielo de Van Gogh

Nuestros no muy lejanos antepasados, solo necesitaban salir de sus casas una noche despejada, para contemplar mirando al cielo, el maravilloso espectáculo de las estrellas.

Hoy Van Gogh no podría pintar así este cuadro titulado: El Café Arlés bajo el cielo estrellado, porque la desmesurada luz de nuestras ciudades ya no nos permite ver ese espectáculo maravilloso de estrellas, como sin duda él lo veía en 1888.

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Hoy para enseñarles a nuestros hijos ese universo que está ahí arriba, tenemos que coger el coche y alejarnos mucho de toda contaminación lumínica. Solo entonces podemos echar la mirada hacia arriba y contemplar la Vía Láctea, las constelaciones, las miríadas de estrellas, y mirar al cielo con admiración. Como en este segundo cuadro del mismo pintor. Noche estrellada sobre el Ródano en donde la noche pasa a ser protagonista. (Clic sobre la imagen para ampliar)

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Y seguimos en esta dinámica “in crescendo” hacia el siguiente cuadro: Noche estrellada que fue pintado por Van Gogh desde su ventana mientras estaba internado en el asilo psiquiátrico de Saint-Rémy, Francia, en junio de 1889, trece meses antes de suicidarse a los 37 años.

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Aquí lo importante no es ya el pueblo de Arlés ni sus pintorescos cafés – como en la primera pintura -, sino el cielo que está por encima del mismo. El pueblo ha quedado desprovisto de detalles, relegado a unos gruesos trazos oscuros, aplastado e insignificante. Mientras que los astros y estrellas por encima de él, alcanzan con su colorido y forma, toda la energía y toda la velocidad de su dinamismo cósmico. Van Gogh solía decir:

“La noche es mucho más viva y colorida que el día”.

Y es que cuando contemplamos el universo nos sentirnos pequeños y diminutos. Habitantes de una mota de polvo que gira alrededor de una pequeña estrella en una de las miles de millones de galaxias que constituyen el Universo. Una dosis de humildad. Pero ¿quién nos lo recordará ahora que ya no lo vemos?

Inténtalo

Vía: Ticreliblog.